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Concept

Con la presente exposición, Walter Carbonel reafirma su interés por hacer de sus propuestas, proyectos visuales integrales y multidisciplinarios, incorporando en este caso, procesos de producción manual, como la pintura y el dibujo, y medios tecnológicos, como sistemas de ubicación satelital, la web y el video. El resultado es esta inusual instalación cuya riqueza la hallamos en su propio título: Las antípodas de Camboya.

El hecho es que partiendo del concepto de las antípodas, lugar diametralmente opuesto respecto a otro, se plantea una inversión de sentidos: arriba = sur y abajo = norte. Así, a través del recurso de la simulación, el interior de la Galería Vértice se muestra invertido mediante un giro de 180°, situando el techo en el piso y el piso en el techo, del mismo modo que su portal en la red.

Carbonel ha encontrado, gracias a sistemas online de ubicación satelital, que las antípodas de dicha galería vienen a ser las montañas de Cardamom, lugar inhabitado por ser un gran recurso forestal que pertenece a Camboya (sudeste asiático), país monárquico con muchas similitudes al nuestro en términos de desarrollo económico e infraestructura, con una situación política accidentada por la presencia de conflictos armados y corrupción.

En esta metáfora del espejo, el artista propone, por un lado, ironizar el tema de la “globalización en el arte” en el sistema relacional centros hegemónicos - periferias, y por otro, hacer evidentes las sutiles alteraciones (de orientación y de lectura) que se producen con el trastrocamiento de los sentidos conceptuales y espaciales, simbolizados en pérdidas y ganancias generadas en estas relaciones de consumo (algunas veces impuestas amablemente y otras de manera violenta) de mensajes y modelos por parte de sociedades con herencias culturales y economías diversas o ligeramente diversas.

Transmutación, movilización, acontecimiento, enmascaramiento, en fin, la lista puede ser larga, son los rasgos de una realidad contradictoria que se desvanece al ser traspasada y superada por la construcción de una hiperrealidad, erigida a partir de la imagen y el poder narrativo e interpretativo del discurso que termina estableciendo otros caminos significativos.

En cierto modo, hay un sutil desvanecimiento del espacio símbolo (galería) al replantearlo como una plataforma (lugar de puntos intercambiables, como diría Brea) difusora de visibilidades crecientes que se irán retroalimentando con la movilización (interacción) de la obra en un tiempo expandido y múltiple, que ya no sólo existe por y para el encierro sino que se desacraliza a través de otras formas de comunicación y distribución.

De esta manera, la acción / proceso es complementado con otros elementos: un video / espejo de Camboya que se presenta como un referente situacional, pinturas en acrílico y otras piezas confeccionadas en técnicas mixtas (collage, dibujo, acrílico, etc.); conjuntos identificados con el artista, cuyo lenguaje visual enlaza el arte plástico con el diseño en un sentido ampliado, construyendo espacios y realidades futuristas a modo de instantáneas de escenas aisladas (con la presencia de algunos personajes) donde los “extractores” se han convertido en elementos de comunicación y limpieza de esa realidad vaciada de su esencia singular. Se aprecia, en muchos de sus trabajos, un anatropismo que refuerza este juego de la relatividad del sentido (¿dónde se ubica lo correcto y la verdad?) de la realidad o la imagen.

Mirando hacia atrás, en la propuesta de Walter Carbonel descubrimos un trabajo que plantea –y traspasa mediante la búsqueda– la redefinición de un arte que iniciado en la tradición, asume el reto de sustentarse desde una mirada de tránsito desenvuelto sobre las vías alternas de la comunicación y sus nuevas formas de desplazamiento.

Juan Peralta Berríos
Curador y crítico de arte
Lima, julio de 2009

 
 
 
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